En el libro se detalla un experimento elaborado por el psicólogo Steve Sherman. En él, llama al azar a algunos números y le pide a la gente que asistan a prestar trabajo voluntario en una recaudación de fondos para una asociación de investigación contra el cáncer. Debido a que, para nuestra autoimagen, luchar contra el cáncer es algo bueno y con lo que nos gustaría vernos asociados, mucha gente dijo que asistiría al evento, pero sólo 4% de los que confirmaron asistieron en realidad.
En una siguiente ronda de llamadas, Sherman simplemente le preguntó a la gente si ellos creían que eran el tipo de persona que donaría su tiempo si tuviera que hacerlo. Casi todos los que respondieron positivamente asistieron después al evento de recaudación.
La lección, el tweak o el hack conductual parece consistir en que si logras que una persona se convenza a sí misma de ser cierto tipo de persona, actuará en consecuencia con eso. En cierto sentido, incluso sería posible decir que la manipulación es posible no porque el manipulador le diga a la gente qué hacer, sino porque es capaz de convencer a la gente de que son ellos mismos quienes quieren hacer esas cosas. La gente no puede ser manipulada a menos que quieran ser manipulados.
Esto ha dado pie a todo tipo de malentendidos históricos. Para usar un ejemplo polémico, pensemos en que los crímenes y horrores del nazismo en la Segunda Guerra Mundial estaban dirigidos no sólo a instaurar una forma particular de sociedad industrial, sino a hacerle creer a los alemanes que dicho mundo era posible. Fue el mismo caso con China: los dictadores confunden propaganda con historia, persuadiendo eventualmente a la gente de ser una "raza" superior o elegida por dios; si la gente asume tales directivas, en estricto sentido no está siendo manipulada, sino siguiendo la imagen de sí misma que reciben del gobierno, los medios u otras personas, en los casos anteriores, con desastrosas consecuencias.
El "efecto Pigmalión" ha sido descrito como el responsable de estos comportamientos. En ciencias sociales (también llamada "efecto Rosenthal"), el efecto Pigmalión es un fenómeno que consiste en que, mientras más altas expectativas se pongan en una persona, mejor será su desempeño. Pigmalión fue un famoso escultor de la Antigüedad griega quien en algunas versiones de la leyenda se enamora de su propia estatua, una reproducción de Afrodita, por lo que la diosa, conmovida, le da vida a la estatua para que el escultor pueda disfrutar de ella.
Esto nos demuestra que en efecto puede haber maneras de manipular a la gente, pero que por la misma vía puede generarse un cambio social positivo convenciendo a la gente de las ventajas y oportunidades que tienen; sin embargo, en el ejemplo del libro, la gente estuvo dispuesta a prestar su trabajo voluntario no por la importancia intrínseca de la lucha contra el cáncer, sino porque quieren creer que son personas consideradas y conscientes que ayudan a los demás. Si al creerlo ayudan a los demás, ¿por qué no?
Si puedes hacer que alguien crea algo sobre sí mismo, con toda seguridad es posible que esa persona compre los productos que le refuerzan esas ideas de sí mismo, es posible hacer que actúe o haga cosas que del mismo modo refuercen lo que ya sabe, incluso estando en contradicción con valores "humanos" de tipo más general, como la vida o la honestidad. En las micropolíticas de convivencia tomamos muchas decisiones sin darnos cuenta; si la gente tiene tiempo de pensar y elegir, probablemente tomen decisiones que pueden no ser congruentes con sus futuras acciones (como en el primer experimento); pero si hay que decir o hacer algo de inmediato, es decir, actuar rápidamente (como cuando te hacen una encuesta, te piden que firmes algo o simplemente actúes impulsivamente), es muy probable que quien hace las preguntas tenga más control de la situación, incluso sugiriendo la respuesta que la gente debe dar en la misma elaboración de la pregunta, lo que da la impresión de que se dio una respuesta "correcta" y que nuestro interlocutor la aprueba (segundo experimento), por lo que actuamos en consecuencia con ella para no "decepcionar" la imagen que dimos de nosotros mismos.
La lección es que la gente no puede ser manipulada para bien o para mal a menos que voluntariamente decida manipularse a sí misma.
Fuente: Por PIJAMASURF - 05/26/2013 (www.pijamasurf.com)
Históricamente los medios masivos han probado ser altamente eficientes para moldear la opinión general. Gracias a la parafernalia mediática y a la propaganda se han creado o destrozado movimientos sociales, justificado guerras, matizados crisis financieras, incentivado unas corrientes ideológicas sobre otras e incluso se da el fenómeno de los medios como productores de realidad dentro de la psique colectiva.
¿Pero cómo detectar las estrategias más comunes para entender estas herramientas psicosociales de las cuales, seguramente, somos partícipes? Por fortuna Chomsky se ha dado a la tarea de sintetizar y poner en evidencia estas prácticas, algunas más obvias y otras más sofisticadas, pero aparentemente todas igual de efectivas y, desde un cierto punto de vista, denigrantes. Incentivar la estupidez, promover el sentimiento de culpa, fomentar la distracción o construir problemáticas artificiales para luego, mágicamente, resolverlas, son sólo algunas de estas tácticas.
1- La estrategia de la distracción
El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. “Mantener la atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a la granja con los otros animales (cita del texto Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.
2- Crear problemas, después ofrecer soluciones
Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana o planear y ejecutar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.
3- La estrategia de la gradualidad
Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. De esa manera condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (como el neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.
4- La estrategia de diferir
Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.
5- Dirigirse al público como criaturas de poca edad
La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se pretenda engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.
6- Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión
Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional y por ende al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones o inducir comportamientos.
7- Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad
Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que el nivel de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposible de alcanzar para las clases inferiores" (ver Armas silenciosas para guerras tranquilas).
8- Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad
Promover en el público la idea de que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto.
9- Reforzar la autoculpabilidad
Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autoinvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. ¡Y, sin acción, no hay revolución!
10- Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen
En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídos y utilizados por las élites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el que los individuos tienen y ejercen sobre sí mismos.
Fuente: por PIJAMASURF - 09/20/2010 (www.pijamasurf.com)
Diferencias entre las emociones y los sentimientos
Los conceptos de emoción y sentimiento pueden ser confundidos con facilidad y, de hecho, incluso dentro del mundo de la psicología es frecuente que se utilicen como si fuesen sinónimos.
Sin embargo, algunos autores defienden la idea de que existen diferencias entre las emociones y los sentimientos y que, por tanto, son palabras utilizadas para etiquetar diferentes fenómenos mentales.
Distinguiendo la emoción y el sentimiento
Cuando hablamos sobre este tema es importante tener presente que existen diferentes teorías sobre la emoción, las cuales aportan explicaciones distintas acerca de cómo funciona nuestra faceta emocional y anímica y, desde la perspectiva de las neurociencias, acerca de cómo trabaja la parte del cerebro encargada de producir emociones: el sistema límbico.
Sin embargo, dentro de los autores e investigadores que separan los conceptos de sentimientos y emociones (como por ejemplo Antonio Damasio), hay cierto consenso a la hora de indicar en qué se diferencian.
En primer lugar, veamos de qué modo se definen estas dos palabras.
¿Qué es una emoción?
Una emoción es un conjunto de respuestas neuroquímicas y hormonales que nos predisponen a reaccionar de cierta manera ante un estímulo externo (como la visión de una araña) o interno (como un recuerdo acerca de los años de infancia).
En otras palabras es un estado afectivo que experimentamos, una reacción subjetiva al ambiente que viene acompañada de cambios orgánicos (fisiológicos y endocrinos) de origen innato, influidos por la experiencia.
A lo largo de nuestra vida, nuestro cerebro no se limita a "memorizar datos", sino que también aprende ciertos modos en los que hay que reaccionar a esas experiencias. De algún modo, la información de lo que experimentamos va de la mano de la información acerca de cómo reaccionamos ante eso; no son dos clases de informaciones separadas.
Es por eso que, si aprendemos a asociar los insectos a las picaduras, cuando veamos uno tenderemos a experimentar la sensación del miedo: nuestro cuerpo habrá aprendido que, con esa información visual, esa es la reacción adecuada.
¿Qué es un sentimiento?
Un sentimiento es similar a una emoción y está muy relacionado con el sistema límbico, pero además de esta predisposición espontánea, incontrolable y automática, incluye la evaluación consciente que hacemos de esta experiencia.Es decir, que en un sentimiento hay una valoración consciente de la emoción y de la experiencia subjetiva en general.
Por ejemplo, si vemos una araña, seremos capaces de auto-examinar lo que sentimos y lo que pensamos en una situación así y reflexionar a qué otras experiencias nos recuerda esa situación, cuáles son las diferentes maneras en las que se puede reaccionar a ese estímulo, hasta qué punto es racional el asco o el miedo que sentimos, etc.
¿Cuál es la diferencia entre ambas?
Tal y como hemos visto, tanto las emociones como los sentimientos tienen que ver con algo irracional que tiene que ver con la manera subjetiva con la que experimentamos una situación. Ninguno de los dos fenómenos puede ser traducido en forma de palabras de manera fiel y sin dejarnos muchos matices en el tintero, y es la otra persona la que, haciendo un esfuerzo de empatía, debe construir en su mente y a partir de sus propias experiencias cómo nos debemos sentir.
Sin embargo, la diferencia fundamental entre la emoción y los sentimientos es que la primera es totalmente básica, primitiva y unidireccional (en el sentido de que es algo que aparece automáticamente al presentarse un estímulo) mientras que el sentimiento incluye la capacidad de pensar y reflexionar de manera consciente sobre lo que se siente y, por tanto, tiene que ver con la capacidad de pensar en términos abstractos y simbólicos.
Las obras de arte, por ejemplo, son la caracterización clásica de los sentimientos, porque son sublimaciones abstractas de las emociones. En un poema no hay solo emociones, sino que necesariamente debe haber también sentimiento, algo que permita expresar de manera simbólica lo que se siente.
Así pues, los sentimientos son bidireccionales, ya que hay algo que va desde los procesos mentales más básicos y primitivos hacia la consciencia, pero también hay algo que va desde la consciencia al modo en el que se valora y se experimenta esa situación de forma holística y global.
Ambos son inseparables
Y aquí viene una aparente paradoja: aunque los conceptos de sentimiento y emoción se refieren a cosas diferentes, a la práctica allí donde hay una emoción hay siempre un sentimiento (o varios). Los dos se presentan a la vez, y las palabras que utilizamos para separarlos conceptualmente solo existen en la teoría para permitirnos entender de un modo más preciso acerca de qué parte de la experiencia consciente estamos describiendo.
Del mismo modo en el que allí donde hay unos genes hay un entorno que influye en el modo en el que estos se expresan, emoción y sentimientos no pueden presentarse por separado (en el ser humano consciente y sano) y por consiguiente se solaparán. La distinción entre ambos es más virtual y teórica que material.
Es por eso que la diferencia entre sentimiento y emoción solo se utiliza porque resulta útil en ciertos casos y porque cada una de ellas podría explicar diferentes procesos neurológicos que funcionan en paralelo, no porque efectivamente podamos aislar un sentimiento y separarlo de la emoción con la que se presenta. En psicología y neurociencias, para bien y para mal, las cosas no resultan tan sencillas.
Fuente: por Arturo Torres para psicologiaymente.net
Cerciorémonos de nuestra humana situación. Estamos siempre en situaciones. Las situaciones cambian, las ocasiones se suceden. Si éstas no se aprovechan, no vuelven más. Puedo trabajar por hacer que cambie la situación. Pero hay situaciones por su esencia permanentes, aún cuando se altere su apariencia momentánea y se cubra de un velo su poder sobrecogedor: no puedo menos de morir, ni de padecer, ni de luchar, estoy sometido al acaso, me hundo inevitablemente en la culpa. Estas situaciones fundamentales de nuestra existencia las llamamos situaciones límites. Quiere decirse que son situaciones de las que no podemos salir y que no podemos alterar. La conciencia de estas situaciones límites es, después del asombro y de la duda, el origen, más profundo aún, de la filosofía. En la vida corriente huimos frecuentemente ante ellas cerrando los ojos y haciendo como si no existieran. Olvidamos que tenemos que morir, olvidamos nuestro ser culpables y nuestro estar entregados al acaso. Entonces sólo tenemos que habérnoslas con las situaciones concretas, que manejamos a nuestro gusto y a las que reaccionamos actuando según planes en el mundo, impulsados por nuestros intereses vitales. A las situaciones límites reaccionamos, en cambio, ya velándolas, ya, cuando nos damos cuenta realmente de ellas, con la desesperación y la reconstitución: Llegamos a ser nosotros mismos en una transformación de la conciencia de nuestro ser.
JASPERS, K.: Einführung in die Philosophie
Extraído de: filosofiaylibros.wordpress.com

